Tres habitaciones y una de hotel.
Viniste al aeropuerto a recoger mis ruinas, me cocinaste mientras te miraba y pensaba en lo irreal que había sido siempre todo. Cenamos en el suelo de aquella habitación gris y cara con vistas a las azoteas de esa ciudad que siempre será tuya y nunca mía.
Y cuando te fuiste al día siguiente, cobarde y valiente cabrón, me reencontré con la libertad del que no se siente ya de ningún sitio. Llamé a quien debía llamar y te insulté sin decir palabra entre cervezas.
Volví a la ciudad que nunca será tuya pero es más mía de lo que ha sido ninguna antes. Me prometí que no me iban a romper más, que no iba a soñar más con nadie, que nadie más iba a besarme la frente por las mañanas, que eso era todo, que a partir de ahora sólo habría paz, noches de silencio, libros, trabajo, salidas en las que no volvería a mirar a nadie como te miré a ti la primera vez que apareció tu matrícula y alguien cantaba que no podías vivir sin mí.
Me prometí que nunca más, que nadie más, que se acababa.
Lo cambié todo, viví sola sin estar nunca sola, me encerré en nadie.
Pero un día llegué a casa, abrí la puerta de la cocina y ahí estaba él.
Sabe sonreír con los ojos, como siempre he querido que me sonrían. Bebe café solo pero conmigo. Ama comer y el vino y abrazarme por la espalda. Vive despeinado y me está enseñando a dar más importancia a los besos que a las palabras. Y vive despeinándome a mí. Me agarra de la mano cada vez que cruzamos en rojo como si no me hubiera salvado ya. Me deja notas en la pared y puedo pasarme la vida sin hacer nada si hacemos nada juntos.
He dejado de soñar contigo porque desde que duermo con él no necesito sueños.
He dejado de pensar en ti, hasta hoy, que he notado que ya no estás más y que hacía mucho tiempo que ya no estabas dentro y no me había dado cuenta.
Me están cambiando la vida sin intentarlo.
Un año después me encantaría declararme valiente.
La obsesión con tu flequillo despeinado, con tus ojos verde hierba, con tu espalda morena en mi cama de hotel blanca, con las pocas líneas que he publicado hablando de ti que me han ido minando la calma que creí haber encontrado en esta ciudad de locos en la que volví a sentirme viva, por no mucho tiempo.
Has despertado a todas las dudas, a la rubia aquella de sombrero negro y vestido verde esperando ver tu matrícula en Gran Vía con las manos temblando.
Todo lo que tuvimos fue real, me dices ahora. Como intentando convencerme de que no soñábamos seis horas cada noche que hablábamos con el otro por teléfono, cada madrugada que me leías Rayuela mientras fumaba en la ventana, cada vez que me cantabas al oído sin cantarme al oído.
Esta vez la he jodido.
Escribiéndote borracha al salir de trabajar de mujer florero, con japoneses que pedían otra botella con burbujas que aplacaban su soledad, como yo. Diciéndote que cada vez que cerraba los ojos seguía viendo tu cara, escuchándote en bucle, maldita sea, una vez y otra y otra y otra y otra y otra y...
La última vez que perdí me preguntaste si me habías decepcionado y me clavé una palabra en las costillas para siempre. Y me pregunté cada uno de estos meses, hasta el día de hoy, si no habría huido demasiado pronto, si no habría tenido demasiado miedo sin sentido o demasiadas ideas sobre algo que no existió nunca.
Pero has vuelto a ser real.
Necesito saberlo.
No me lo he perdonado desde entonces.
No haberte abrazado más en aquella ducha.
No haberte follado más fuerte.
No puedo vivir sin perdonarme dos veces.
Los hombres de esta ciudad.
Pero estábamos en una de las calles más llenas de cámaras, besándonos contra los muros que guardan más de nueve millones de historias al día.
Creo que hasta ahora no sabía lo que era sentirse, de verdad, viva.
Elegí un vuelo sólo de ida, con todo lo que necesitaba y un poco más en dos maletas.
Lo que he encontrado son despertares de los que erizan la nuca, pupilas dilatadas, manos bajo las mantas, palabras bonitas en otros idiomas.
Lo único que no me he encontrado ha sido sola.
Ni un jodido minuto desde que respiré este aire nuevo como si fuera la primera bocanada de mi vida.
No he podido escribir hasta ahora.
Me han regalado una libreta roja.
Una fe nueva.
Unos zapatos rojos para correr detrás del metro.
-Siempre es un placer despertar a tu lado.
Y todo lo demás no importa.
Búscame tú, que yo vendré cansada del trabajo.

Me encontrarás en un semáforo en rojo, en un callejón, tal vez en una librería, en un concierto.
Un día te daré besos y ya no habrá miedo. No corras, por favor.
Porque.
Estos latidos.
Son tan
patadas y
tan caricias a la vez,
a mí me gustan mas las caricias.
Miedo-miedo-miedo y
a veces puede
ser miedo.
Todos tenemos patadas. Pero lo bueno es que conmigo ya no hay lucha.
Dame un poco de tu miedo, yo te lo transformo.
Preciosa.
Me haces cosquillas por dentro. Y yo ya he estado aquí y sé cómo sigue esto.
Cuando yo no salto, salta usted.
Hace tres días
que no me corro con tu voz
y en ella.
Te estoy arrojando, sin merecerlo,
silencios ante palabras tiernas.
Y toda tentativa de autoayuda es limitada,
escasa,
nula.
Como si no lo hubiéramos expuesto ya todo
sin mediar palabra.
Como si no interpretáramos,
intuyésemos,
que hay pactos,
versos y reglas
que no necesitan ser escritos
para incumplirlos cada noche
por alusiones directas.
Siempre reapareces.
Con las ganas instaladas,
la radio puesta,
las defensas diminutas
y un ejército de latidos
(que cada vez son más patadas).
Consigues que me redoblen
tanto
tanto
las piernas
que no me quedan ansiedades
ni ganas
de otra huida.
Diría lo mismo
si me lo pides
de otras mil formas:
Ya no me quedan fuerzas
en las extremidades inferiores
para huidas
de tantos temblores.
Te tiemblo, te temo,
porque me has tocado
sin tocarme
más de lo que muchos me han tocado
tocándome.
Trato, inútilmente, de enmendarlo
resistiendo hasta el domingo sin haberme vuelto cuerda.
Sin querer
queriendo
evitar
evitarlo.
Latidos que son patadas y caricias.
La tecla verde, el tacto del cristal.
Al principio un susurro.
Me acurruco en mí misma, con las piernas encajadas en el sillón, vulnerable hasta límites que no pensé que volvería a permitirme.
Los tonos, infiltrándose en mi oído a cámara lenta.
Uno... dos... tres.
Un segundo de silencio, dos, tres.
Y entonces, al sentirme al otro lado, dos palabras, nueve letras, un espacio, que hacen que me sienta como en casa. Tu voz. Cosquillas por dentro. Las pausas, los silencios, los suspiros.
El gesto, ya costumbre, ya vicio, de morderme el labio para no hablar de más, de besarme las rodillas por impulso, de cerrar los ojos fuerte para guardarte mejor.Y tú, leyéndome poesía, una detrás de otra, escuchando cómo respiro entre frase y frase, cómo se me revuelve cada verso entre las costillas.
La ventana abierta, mis puños encerrando las mangas de mi chaqueta, como una niña muerta de vergüenza, de ternura.
Sé poco y menos del amor.
Como idea eres una de las más bonitas que he tenido.
Te idealizo.
Te espero, como quien desea el verano en pleno febrero, subsistiendo en ese escenario calcado, la ciudad más gris del mundo con todo el pavimento cubierto de blanco. Te planeo, te proyecto como se organiza un viaje sólo de vuelta, con un plano lleno de cruces en todas las calles que de antemano he pisado contigo (aunque nunca hayas puesto un pie en ellas). Sin ser tú consciente hemos paseado con correa a mi nudo en la garganta, a mi hueco del estómago, a mi necesidad continua de huidas en cada oportunidad que tengo de advertirme más incapaz de huir de mí misma, rindiéndome de esta suerte a la certeza. Y es que si el problema no es este lugar, seré yo.
Te acomodo entre dos ideas, te acoplo en los pocos huecos que aún me quedan libres, en un pedazo de la imaginación que en otro tiempo presumió de desahogo espacial, donde la ventana siempre está abierta para que no dejes de arrojar piedras por si un día, sin querer, te hago llorar y nos hundimos los dos.
Te idealizo como a un genio muerto, aunque estés más vivo de lo que yo he estado en meses.
Como lo hace cualquiera que se enamora de un personaje, olvidando al total del actor que hay detrás. Como a las revoluciones, creyéndote el milagro político que lo cambiará todo.
Como los fanáticos religiosos a sus dioses de barro y oro.
"Me siento casi alegre, casi alegre como quien se cansa de estar triste."
Lo intenté, te lo juro, borrarte a base de humo y whisky, a base de besos de otros tan faltos de calor y poesía como yo. Me dediqué a los simulacros de romanticismo de una noche y despedida en el trayecto de puertas a ascensores ajenos. Me creí el tópico que ya nadie espera escuchar de puro repetido: Me ha encantado conocerte, quédate otra noche a dormir, llámame...
Pero no quiero que me llamen.
Quiero volver al mismo hueco, diferentes taxis, al final de la fiesta, con Tristeza de copiloto.
Eres mágica.

Imagina que me olvidas. Ya lo has intentado, has fracasado, no lo intentes de nuevo, no lo intentes mejor.

Se me enfría la paciencia esperando el gesto definitivo, la decisión de impacto, la apertura de puertas como en un día de rebajas, el pistoletazo de salida, el relevo de tus ganas. Escucho a Ismael y no nos imagino en ningún autobús de esta ciudad triste con el paso de los años, en el mismo en el que me habrías cambiado por la chica de ojos azules, con el tedio aplastándonos, pensando en posibles, en la vida que habrías llevado a mi lado si ocurriera el choque utópico, echándole el valor que siempre te ha sobrado cuando no querías estar un día más sin mí. Imagina los besos que me debes en el portal donde tantas noches nos comimos vivos, la restauración de todo, que duela, joder, que duela, pero muévete, escoge lo difícil, el esfuerzo, el detalle diario, mi único hoyuelo.
Cuando decir adiós es cerrar las puertas a cal y canto.

Me he convertido en una autómata con ojeras que se muerde la lengua para no hablar a todo el mundo de ti.
Estarías orgulloso de mí.

"Te quiero. Te echo de menos. Se hace duro sin ti."
"Amé dieciocho veces pero recuerdo sólo tres." (I)

Algún día debería agradecerles cada momento invertido conmigo, cada segundo de magia sin trucos, cada día impagable entregando todo y más de lo que podían darme, pagando un precio muy alto en plazos más o menos largos, el adiós, la decepción, mis cambios de humor o de amor, de número, de atención, de horarios, color de pelo...
Gracias.
no soy capaz de pasar de una cosa a otra así, sin más.
La mayoría de personas, cuando tienen una aventura
o una relación larga y rompen, la olvidan.
Pasan a otra cosa y olvidan como si nada hubiera pasado.
Yo jamás he olvidado a alguien con quien he compartido algo,
porque cada persona tiene sus cualidades propias.
No se puede reemplazar a nadie,
lo que se pierde se pierde.
Cada vez que he acabado una relación me afecta muchísimo,
jamás me recupero del todo.
Por eso pongo mucho cuidado en las relaciones,
porque me duelen demasiado.
¡Aunque sea un rollo de una noche!"
Me amabas con a minúscula.

los trescientos sesenta y cinco días del año".
Estaba en quinto o sexto de primaria cuando lo decidí.
Erais un amor de los que duelen.
¿Dónde tengo que firmar?

No he sabido dejar de echarte de menos.
Me prometí que te quedarías. Y acabaste quedándote.

Qué bien dueles.
Ella, los ojos rojos de llorar por las noches pintadísimos de negro en el autobús de las mañanas, sujetando sus ganas a la barra metálica, fluyendo por los nervios de esa ciudad lluviosa, con el sueño no tan secreto de huir. Entusiasmo en la cordura, primeriza en ser feliz, falta de costumbre. Él, don cómosepuedequerertantoaalguien, expuesto a nada, tres días a la semana, los mejores polvos de su vida entre sillones y copas de vino, aventuras en rellanos, los amorosos tirándose besos a través de la ventana cuando la espera a la salida. El día aquel que le dijo entre risas "somos cucarachas, ¿sabes por qué? porque ni un desastre nuclear puede con nosotros".
Simulacro del resto de noches de mi vida.

Tres de la madrugada, te como la espalda a besos. Las piernas se enredan, los jadeos se mezclan, despertamos a todo el vecindario. Eres mi estufa en Octubre. Ya no te suelto.
Y me faltas.
Adiós a la calma, fuera la vie en rose... Pero sólo por hoy.

("Todo me sabe a poco comparado con tus caricias.")

Pequeñas grandezas nocturnas.
me extiendo
me enredo
me marcas
me incendias
me desatas
me acometes
me conduces
me habitas
te hundes
te derramas
te bebo."
Me quedo más tranquila.
Y empiezo a creer que no, que no he visto morir al amor tantas veces. Porque quizá no lo vi nacer, me obligué a creer, me forcé a sentir. No siempre.
Y ahora está él, al mismo nivel de batallas que esta cabeza rubia.

Él, ojos azules y sonrisa de loco, lector de propaganda, paciente en mi portal, cantante entre luces y humo de colores, músico sin instrumentos, buscador de tesoros, explorador de mis recovecos, actor porno, vividor de lo surrealista, máquina expendedora de carcajadas las 24 horas, bufanda y cinturón si me rodean sus brazos, domador de leona, freno de mis tacones cuando llevo más alcohol que sangre en las venas, campeón de billares, ajedrez, abrazos y provocaciones. Susurrador experto y, por encima de todo, mi vista favorita de la ciudad.
Te vivo. Es lo mejor que hemos hecho hasta ahora.

El futuro es un monstruo al que ya no temo.

Le dije que no. Era mentira. Ella decía:
-Cariño, cuando todo lo mío se derrumbe algún pedazo acabará dándote a ti."
Gracias por Vivir.

Puede que no me vuelva tan loca.
Fúndete. Regálame brisa. Hazme sonreír.
Y qué bonita es tu cama...
Nunca pensé que se pudiera echar de menos un color.


Y te dan ganas de parar el tráfico, de dejarlo todo, de parar el mundo.
(Le ves y te llena. Te apetece mirarle, y escucharle... y no dejar de mirarle en todo el día.)
Mil kilómetros y nueve días.
Me voy a volver loca.
Detalladamente.

Lo que queda, al final del día, no son las horas ni los planes ni los sitios, es esto. La mirada de complicidad con la que nos entendemos sin mediar palabra. La colocación de tus zapatos, las punteras dirigidas a mí no importa dónde, la forma de sujetar el vaso con una mano y mi cintura con la otra o la dulzura de tu voz al llamarme pequeña...
Los cantautores que hablan de nosotros sin saberlo.
-Estás enamoradita...
Beso la mano que me acaricia la cara segundos antes.
Vi el final sin saber que sería el prólogo.
Cené techo y desilusiones ignorando la prueba que me ponía el tiempo.
y que volamos y que me enredas
un televisor sin manual de instrucciones.
Llevas un millón de años tocando todos los botones
y un día empieza a funcionar, sintonizas los mejores canales,
por fin tienes lo que querías ver y es mejor aún de lo que imaginabas."
"No quiero salvarme"
dejar de temer a la felicidad por la caída
cerrando los párpados
después de cada beso en la frente.
Ver la ciudad
desde tus ojos
un poco más que de costumbre
al descartar huídas.
Inventar un nuevo ejemplo práctico
para la palabra intensidad.
Yo he vivido muchos viernes, pero pocas noches me han conmovido como esta. "Un punto de partida como se merece".

Que arda tu inicial, tres días intensos son treinta minutos de olvido.

Lo nuestro es amor puro con escenas de porno duro. (I)

Todas queremos ser la Maga.
Llegar tanto a la cabeza, corazón, alma de alguien que acaben escribiendo una vez en la vida algo así. Quién no querría sentirse protagonista de una historia filtrada entre espacios en blanco e imágenes subconscientes, cómo no querer pasar las horas en la memoria de quien centrifuga momentos en plural.
La Virginia de Poe. Cristina para Cortázar. Massina haciendo magia en el mundo de Fellini. Ardant provocando creaciones de Truffaut. Dora para Picasso. Yoko en la cama de John. Bob Dylan pensando en Suze. Leonor en las venas de Machado. Beatriz inspirando a Dante. Edie Sedgwick en el objetivo de Warhol. Marilyn dando el sí a Arthur Miller. Alice sin país de las maravillas, Lewis Carroll inventándolo para ella. Gala en los colores de Dalí.
Solo hay una condición después de encontrarla:

91problemz.blogspot.com
" Cometer errores. Pasarse de la raya (de tus ojos). Amar tus defectos. Perdóname los míos. No te dije “abrázame , que me caigo” como tú aquella vez, pero si no me hubieras abrazado, habría caído. "
"Acostarse sobre un lienzo en blanco y que cuando acabemos haya un Picasso. "
"Que cualquier espejo aleatorio sea mágico porque siempre habrá alguien que te recuerde quién es la más guapa. Que la torre de Pisa se ponga derecha para saludarte. "
Oviedo.

"Ponerte la inyeccion antiansiedades por nostalgia con la aguja del segundero. Renovar la carita sonriente dibujada en tus lunares, con la tinta que sobró de lo que me escribiste en la espalda mientras me cuidabas. Poner el cartel de ‘No molestar’ colgando de la puerta de la estación y quedarnos a vivir en el banco debajo del paraguas. Aprender baile por braille y boca a boca por fasciculos mirando los áticos de enfrente. Robarle las gafas a Woody Allen para que puedas ver las peliculas que ponemos en la cama como pretexto para follar. Andar por la calle a 21 bajo celo. Bajo tu pelo, hecho rastas despues de haber sudado. Insultar a la de recepción por llamarte niña y subir descalzos los 6 pisos. Cometer errores. Pasarse de la raya (de tus ojos). Amar tus defectos. Perdóname los mios. No te dije “abrázame , que me caigo” como tú aquella vez, pero si no me hubieras abrazado, habría caido. Porque nos lo contamos todo de vuelta al hotel, andando, haciendo eses… de secretos, a roces. Porque ya podemos parar de buscar…porque en el abecedario entre la ’R’ y la ‘V’, pone “Tú”. Porque un dia haremos la ruta de los vino… pero no volvió a irse. Porque parece que tenemos que echar un poco de menos para compensar el exceso de más que llevamos respecto al resto… y porque Erik Satie sigue tocando para nosotros bajo la lluvia de Oviedo."
INSTRUCCIONES PARA PERDER EL MIEDO:

Róbale una hora al tiempo, sal corriendo de la tienda con esos sesenta minutos debajo del abrigo, con alguien que sea tan capaz como tú de echarse las dudas a la espalda y cogerte de la mano cuando huyas. Drógate con palabras hasta que necesites más cada mañana, hasta que te duela pensar siquiera en que puedan llegar a faltarte. Olvida todas las posibles cicatrices que hayan podido abrirte hasta ahora. Vuelve a creer, y a querer,y a confiar,y a crear, y a escribir, y a emocionarte… Riégalo todo con cerveza un viernes en el que un par de líneas ajenas estén dispuestas a salvarte. Jura que no vas a volver a caer mientras te lanzas poco a poco sin saber muy bien a dónde. Espera a que llegue el momento justo, cuando te importe menos el riesgo. Entonces asume consecuencias, convéncete de que puedes. Si no te convences tú misma, déjate convencer. Con promesas de las que no te gustan, esas en las que ahora crees a ciegas. Justo antes de rendirte a lo evidente niégate en rotundo. Pero ten abierta la página de autobuses que te llevará a días que van mucho más allá de cualquier momento que puedas imaginar. Espera días, contándolos. Con sus horas, minutos y segundos.
Ponte al borde, cierra los ojos, salta.
Quemadísima. Necesito viernes, y cervezas. Y que me salven.

Y había una escena en donde una chica contaba un historia que le pasó en un taxi, le contaban el secreto para merecer la alegría. Y era que por todo lo que te dieran Dieras las Gracias, y ella preguntó: ¿Solo dar gracias? ¿Cómo empiezo? El taxista le dijo que era fácil.Que podía empezar ahí mismo, pero que el secreto para recibir era simple...
después del gracias tenía que ir un "más, por favor."
De superheroínas y extintores.
Esa sensación en el cuerpo cuando te pesa hasta tu sombra. Pisadas grises, autobuses llenos, páginas de libros en las que perderte y perder de vista al resto. Risas. Y prisas por contestarte. Y palabras, jodidas palabras que te abren, juegan, te ponen a prueba. Palabras que te dejan sin palabras. Palabras que sorprenden, despistan. Insiste y resiste, rubia. Aunque veas los azules cada vez más tristes.
"-Has conseguido lo imposible: Dejarme sin palabras."
Red walls.
-¿Qué soñaste?
-Que pintábamos mi antigua habitación de rojo.
-Todos los sueños tienen su significado, tu subconsciente me quiere...y el consciente también ,pero lo niegas.¿Y el otro sueño qué?
-Demasiado tierno...
-Bueno, ya me mandarás esta noche un mensaje contándomelo...
