
Róbale una hora al tiempo, sal corriendo de la tienda con esos sesenta minutos debajo del abrigo, con alguien que sea tan capaz como tú de echarse las dudas a la espalda y cogerte de la mano cuando huyas. Drógate con palabras hasta que necesites más cada mañana, hasta que te duela pensar siquiera en que puedan llegar a faltarte. Olvida todas las posibles cicatrices que hayan podido abrirte hasta ahora. Vuelve a creer, y a querer,y a confiar,y a crear, y a escribir, y a emocionarte… Riégalo todo con cerveza un viernes en el que un par de líneas ajenas estén dispuestas a salvarte. Jura que no vas a volver a caer mientras te lanzas poco a poco sin saber muy bien a dónde. Espera a que llegue el momento justo, cuando te importe menos el riesgo. Entonces asume consecuencias, convéncete de que puedes. Si no te convences tú misma, déjate convencer. Con promesas de las que no te gustan, esas en las que ahora crees a ciegas. Justo antes de rendirte a lo evidente niégate en rotundo. Pero ten abierta la página de autobuses que te llevará a días que van mucho más allá de cualquier momento que puedas imaginar. Espera días, contándolos. Con sus horas, minutos y segundos.
Ponte al borde, cierra los ojos, salta.
Pero volver sana y salva es básico.
ResponderEliminarBesos
Precioso texto!!
ResponderEliminar:)
ResponderEliminarde que sirve saltar?
ResponderEliminara veces no hay nada ahí abajo..
oh sí, difícil pero posible (:
ResponderEliminarquien no arriesga no gana. dice el refranero que no hay arbol que el viento no haya sacudido, asi que lo que nos queda ya que no podemos evitarlo, es aprovecharlo para construir molinos.
ResponderEliminarEl vuelo siempre merece la pena. Te invito a leer esto que escribí hace tiempo, si te apetece, me lo recordó tu texto:
ResponderEliminarhttp://tentretengo.es/elsalto.html
Besos.
me gusta mucho! enhorabuena por el blog!
ResponderEliminarun saludo! ;)