Te idealizo.
Te espero, como quien desea el verano en pleno febrero, subsistiendo en ese escenario calcado, la ciudad más gris del mundo con todo el pavimento cubierto de blanco. Te planeo, te proyecto como se organiza un viaje sólo de vuelta, con un plano lleno de cruces en todas las calles que de antemano he pisado contigo (aunque nunca hayas puesto un pie en ellas). Sin ser tú consciente hemos paseado con correa a mi nudo en la garganta, a mi hueco del estómago, a mi necesidad continua de huidas en cada oportunidad que tengo de advertirme más incapaz de huir de mí misma, rindiéndome de esta suerte a la certeza. Y es que si el problema no es este lugar, seré yo.
Te concibo como a un ídolo, como al escritor de mi libro de cabecera, aquel que hizo magia describiendo una caída de calcetines y dos trenzas rubias. Te agiganto como se hace en catálogos de hotel con las fotos, te exagero como los anunciantes de las paradas de autobús: detergentes para ropa sin estrenar, anuncios de rímmel con pestañas postizas, sonrisas blanco nuclear, todos mucho más felices bebiendo cerveza (no seré yo quien les contradiga), conduciendo descapotables rojos inaparcables, las muñecas prendidas a relojes sumergibles (30 metros) para el día que ahoguen las obligaciones auto-infligidas de los esclavos del tiempo en que nos hemos visto convertidos últimamente.
Te acomodo entre dos ideas, te acoplo en los pocos huecos que aún me quedan libres, en un pedazo de la imaginación que en otro tiempo presumió de desahogo espacial, donde la ventana siempre está abierta para que no dejes de arrojar piedras por si un día, sin querer, te hago llorar y nos hundimos los dos.
Te idealizo como a un genio muerto, aunque estés más vivo de lo que yo he estado en meses.
Como lo hace cualquiera que se enamora de un personaje, olvidando al total del actor que hay detrás. Como a las revoluciones, creyéndote el milagro político que lo cambiará todo.
Como los fanáticos religiosos a sus dioses de barro y oro.
Te acomodo entre dos ideas, te acoplo en los pocos huecos que aún me quedan libres, en un pedazo de la imaginación que en otro tiempo presumió de desahogo espacial, donde la ventana siempre está abierta para que no dejes de arrojar piedras por si un día, sin querer, te hago llorar y nos hundimos los dos.
Te idealizo como a un genio muerto, aunque estés más vivo de lo que yo he estado en meses.
Como lo hace cualquiera que se enamora de un personaje, olvidando al total del actor que hay detrás. Como a las revoluciones, creyéndote el milagro político que lo cambiará todo.
Como los fanáticos religiosos a sus dioses de barro y oro.
Te hiperbolizo como al amor eterno, cuatro manos arrugadas que sigan acariciándose entre cuatro paredes repletas de recuerdos intensos.

Eres deliciosa.
ResponderEliminarQue genial escribes tia. En serio. Acabo de leer unas cuatro entradas tuya y a cual mejor. Me encanta como lo haces, transmites muchísisisisimo :)
ResponderEliminarEl mundo necesita textos así, y la verdad que me ha parecido uno de los textos más increíbles del mundo, te has superado una vez más.
ResponderEliminarUn beso, y, por favor, no dejes de escribir nunca :)
Excelente estilo de escritura, felicidades! Me encanta mucho, tienes gran imaginación, sabéis te aporto una idea, podéis personalizar tus escritos y así tenéis autoria sobre ellos, el sitio que te recomiendo por ser muy profesionales y responsables, es:
ResponderEliminarwww.cancionespararegalar.com
Vale la pena eh!!!
me ha marcado tu blog, especialmente esta entrada...
ResponderEliminarMuy buenoooo!!!!!!!!!!!!!!!!!!
ResponderEliminarQue les parece el mío? No sé mucho o mas bien nada de poesía, prosa...y a veces sobre lo que sea..
ResponderEliminarEn honor a toda la destrucción imaginaria, pero sin embargo bastante perceptible dentro de mí; te escribo esto porque sangro...o sangro porque te escribo. Probablemente, elijo sangrar en este momento porque necesitaba hablarte, porque necesitaba decirte aquellas cosas que tu quieres que oculte...que calle..que ignore..que olvide. Necesitaba decirte que te amo, o que te quiero, dependiendo de cual de las dos palabras puedas digerir con mas facilidad, acaso ninguna tal vez...y es lo que llegado a creer...puede que con el tiempo las dos mueran en el olvido, pero por ahora, yo soy el único que muere a causa de el...en especial del tuyo.
Y así..
Muerto
O medio muerto...
Me atrevo a imaginar
tus abrazos
Tus besos..
E incluso tus caricias..
Luego hasta mi imaginación se hastía de mí, y de mis sueños imposibles...y me aplica una severa censura, mutilando, desde luego, mi infantil felicidad, absorto en tan absurdas ideas encuentro el paraíso que la realidad me niega, quizás sea mi culpa..o quizás a esta altura puede que yo esté fabricando urgentemente una gran culpa, un embargante remordimiento, solo para cubrir una ausencia, para justificar mi soledad.